En el año 2002, dos años después de publicadas las primeras denuncias sobre abusos en el Sodalicio, el diario The Boston Globe reveló el modus operandi de la jerarquía vaticana frente a las denuncias de violencia sexual hacia menores en el seno de la Iglesia católica. En el año 2016, la película Spotlight, ganadora del Óscar, recogió esa historia y mostró cómo los periodistas habían detectado que un escalofriante número de sacerdotes y religiosos acusados de agredir sexualmente a niños, niñas y adolescentes eran movidos de una diócesis a otra con excusas como «problemas de salud». Es decir, se cambiaba de lugar al agresor y todo seguía igual, silenciando así a las víctimas y exponiendo a nuevas poblaciones al mismo delito.
Con el Sodalicio de Vida Cristiana y las demás fundaciones de Luis Fernando Figari (Movimiento de Vida Cristiana, Fraternidad Mariana de la Reconciliación y Siervas del Plan de Dios) ha pasado algo similar. No se les ha cambiado de lugar, se les ha quitado el nombre y su relación formal con la Iglesia católica. Pero todo sigue igual en la informalidad. Es decir, la supresión real no ha existido, sino que se ha dado lo que en esta Red hemos denominado “supresión nominal”.
Ya nuestro presidente, Jose Enrique Escardó Steck [JEES], en julio de 2023, les dijo a al obispo Charles Scicluna y el sacerdote Jordi Bertomeu, representantes del papa Francisco, que llegaron a investigar el caso como «misión especial», que no confiaba en ellos ni en quien los había enviado y que esa opinión solo cambiaría si se vieran hechos. De manera experta, la Iglesia católica presentó hechos, pero otra vez como aquellos lobos disfrazados de ovejas denunciados por su maestro en la Biblia.
Suprimir el Sodalicio fue un acto emblemático que dio la vuelta al mundo y las palabras del papa Francisco a nuestro presidente en su audiencia privada del 24 de enero de 2025 resonaron en las redacciones de los medios más importantes del planeta: «lo que tú pidas al comisario Jordi Bertomeu (encargado del proceso de supresión), yo lo firmaré».
¿Qué pasó después de que el Sodalicio fuera suprimido 3 meses después de esa reunión? Lo mismo que lo revelado por el Boston Globe: movidas, cambios de nombre y nada más.
¿Los líderes del Sodalicio? Libres, cambiando de nombre a sus obras. ¿Los miembros del Sodalicio y las demás obras? En sus mismos puestos o en otros. Pero siguen ahí. ¿Las víctimas? Envueltas por el humo de un silencio estruendoso desde el Vaticano (que no responde cartas enviadas por varias de ellas, incluida esta Red, a los prefectos de los dicasterios encargados), desde el comisario Bertomeu (desaparecido luego de asegurar que ahora los bienes del Sodalicio estén en manos de los arzobispos respectivos y del Vaticano) y desde la Conferencia Episcopal Peruana (que siempre dijo que ese es lío del Vaticano). ¿Las víctimas están en el centro, como siempre repitió Bertomeu y como dijo Francisco a nuestro presidente en persona? Sí, están al centro del olvido, de la revictimización, del desprecio y del engaño.
El Vaticano nos hizo y les hizo creer que se haría responsable, pero nos volvió a engañar. Todo sigue igual. No, todo está peor… Porque ahora han hecho creer a la opinión pública que hicieron algo por las víctimas y lo único que hicieron fue cambiar papas por camotes.
No hubo justicia, no hay ni habrá reparación (que es responsabilidad directa de la Iglesia si el Sodalicio licuó su patrimonio con terceros para no reparar a los sobrevivientes) y no hubo prevención porque los agresores siguen enclavados en posiciones donde aún pueden ejercer violencia física, psicológica, espiritual, económica y sexual a cientos de miles de niños, niñas, adolescentes y personas en situación de vulnerabilidad.
La Iglesia mintió otra vez y, otra vez, no nos vamos a quedar callados.
Lima, 06 de noviembre de 2025
